antropología y estudios de ciencia y tecnología
Cómo retomar la antropología para abordar el fenómeno científico
El fenómeno científico puede abordarse de manera contextual como un hecho social total, en el sentido de Marcel Mauss: lo científico es, pues, un fenómeno que relaciona en una compleja red de vínculos a lo material, lo social y lo simbólico. Los estudios sociales de la ciencia y la tecnología pretenden ubicar precisamente los contextos de la ciencia como un hecho social total.
Sin embargo, el análisis social de la ciencia y la tecnología va más allá de la simple descripción de la actividad innovadora y de los conocimientos científicos llevados a cabo por comunidades de científicos o tecnólogos: se interesa, particularmente, por la manera en que dicha actividad innovadora y de investigación está ligada a comunidades más amplias, denotando contextos sociales, objetos o artefactos tecnológicos e intereses subjetivos implicados en la actividad científica.
Un ejemplo tomado de la historia de la tecnología. Redes de poder: La electrificación de América, de Thomas Hughes.
La electrificación de América, obra principal de la historia de la tecnología en el mundo occidental, reseña el proceso de generación de tecnologías de iluminación y de su posterior transferencia al mercado de consumo eléctrico en los Estados Unidos.
Para ello, Thomas Hughes se adhiere al carácter multifactorial del proceso de generación de tecnología (elementos financieros, factores legales, restricciones de las leyes de la física): para ‘seguirla’, es preciso revisar la interacción entre los factores que comprenden dicho proceso y así resolver la red que conforman. Las redes de factores así construidas conforman verdaderos sistemas tecnológicos, que se mantienen implicados entre sí a través de artefactos, organizaciones empresariales, investigación científica, instrumentos legales y recursos naturales.
Thomas Hughes. “The Electrification of America: The System Builders”, Technology and Culture, núm. 20, 124-161, 1979.
La vida en el laboratorio, de Bruno Latour y Steve Woolgar
La vida en el laboratorio, publicada en 1979, describe de qué manera se crea 'mundo' a partir de la actividad cognitiva e instrumental de los científicos de los Laboratorios del Salk Institute. Para ello, Latour y Woolgar hacen uso de la etnometodología y de la observación participante de carácter etnográfico como herramientas de procedimiento. Estos autores parten de la discusión en torno a la naturaleza de la relación científico-observador, o en otras palabras, de la relación informante-observador, una relación encaminada ya por la disciplina antropológica.
El tema de estudio de La vida en el laboratorio es, en palabras de los autores, la recuperación del carácter artesanal de la investigación científica a través de indagación empírica y la observación in situ, atributos que habían dejado de lado los sociólogos de la ciencia. Un primer acercamiento lo constituye el interés por descrifrar de qué manera los científicos construyen ‘orden’ a partir del caos: investigando los métodos y procedimientos mediante los cuales los investigadores (incluidos los investigadores-antropólogos) producen versiones ordenadas de las afirmaciones y observaciones acumuladas. Esto se justifica porque buena parte de la actividad científica consiste en la continua revisión y rechazo de hipótesis y alternativas menos plausibles.
De esta manera fue posible construir un objeto de estudio: los procesos mediante los cuales se construyen “los marcos mediante los cuales se reduce el caos de las diferentes interpretaciones y se logra construir una ‘señal’ en apariencia coherente”.
Bruno Latour y Steve Woolgar. La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos, Alianza, Madrid, 1995.
Del funcionalismo al simbolismo: la antropología de Victor Turner
Cabe reseñar brevemente el cambio de paradigma que llevó a los antropólogos sociales a modificar sus agendas de investigación, y considerar a los valores no sólo como elementos funcionales a la cultura en la cual surgen, sino como expresiones de sentido, a través de las cuales los fenómenos sociales adquieren coherencia —y matices. No fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX cuando la antropología social comienza a abandonar el causalismo teleológico de los enfoques funcionalistas, es decir, la búsqueda de los fines u objetivos que las instituciones debían cumplir para ajustarse al funcionamiento de los sistemas sociales, e inicia en cambio una revisión teórica en busca de los sentidos sociales implicados en todo proceso cultural.
En la escuela procesualista que representaron antropólogos como Victor Turner (1974) encontramos una crítica a la concepción de que los sistemas sociales sean concebidos como tejidos de valores, normas e instituciones que se interrelacionan, y que las acciones de los individuos sean consideradas únicamente como supeditadas de este entramado, sin que su acción sea vista per se como objeto de estudio. De ahí que surgiera la necesidad, entre los antropólogos, de distinguir entre lo que la gente hace (técnica) y lo que la gente piensa (cognición), enfocándose al estudio de la acción humana de acuerdo al conocimiento requerido para llevarla a cabo.
Victor Turner (1974). Dramas, fields and metaphors. Symbolic action in human society, Cornell University Press, Ithaca, 1974.
Buscar en hectorchapa.tk

