Tecnologías de información y comunicación
La metáfora ecologista en las tecnologías de información: infosfera, brechas, artefactos
La metáfora ecologista en las tecnologías de información: infosfera, brechas, artefactos
La introducción de tecnologías de información y comunicación (TIC) en los distintos rangos de aplicación de las actividades humanas está teniendo un importante impacto en la comunicación entre humanos y especialmente en la estructura, funcionamiento y sentido de las organizaciones humanas en distintos ámbitos, entre ellos la empresa, la academia o el gobierno. Hoy en día TIC abarcan la convergencia tecnológica entre sistemas de información computarizada y los sistemas de comunicación basados en la telemática y la digitalización. Entre los rangos de aplicación se encuentran un sinfín de actividades económicas y culturales, que forman parte del funcionamiento de la economía de mercado en forma de flujos de información a escala mundial, y en general de los códigos de comunicación entre diversos actores y grupos sociales relevantes.
El hecho de que las TIC se constituyan como códigos de comunicación entre actores o grupos de interés no implica únicamente que sirvan como ‘claves’ o ‘medios’ para interpretar o decodificar significados o información, sino que también implican contextos para la acción, esto es, configuran la forma en que los productores y usuarios de las TIC elaboran sus estrategias, ya sea de comunicación o bien de trabajo, en el sentido weberiano de acción racional con respecto a fines, y en el contexto de procesos de modernización. Es posible pensar a las TIC como contextos para la acción, es decir, como expresión de significados producidos socialmente, y viceversa, como entidades que influyen en la acción social. A su vez, las TIC se diseñan a través de procesos flexibles, en el sentido de que sus componentes (tanto agentes humanos como no humanos) pueden recomponerse a lo largo de su diseño, en función tanto de los fines buscados como de las condiciones dadas. Esta recomposición implica, por lo tanto, una constante redefinición de las TIC y de los actores sociales relevantes, a través de procesos de estabilización, ajuste y cierre. (Cfr. Trevor Pinch y Wiebe Bijker, “The social construction of facts and artifacts: or how the sociology of science and the sociology of technology might benefit each other”, in Wiebe E. Bijker, Thomas P. Hughes, and Trevor J. Pinch (eds.), The social construction of technological systems. New directions in the sociology and history of technology, MIT Press, Cambridge, 1987)
Entre los diversos métodos para analizar las controversias tecnológicas destaca el de la construcción social de la tecnología, que pretende describirlas a través de las narrativas y de las posiciones sociales de los actores sociales relevantes, por ejemplo a través de quienes producen y quienes consumen TIC, y entre quienes admiten, evalúan o rechazan ciertos paradigmas tecnológicos. Las narrativas cobran sentido en las estrategias específicas que propenden (en un sentido valorativo) a hacer valer los fines de los actores sociales relevantes, ya sea en la forma de definir una tecnología o de evaluar modelos teóricos o prácticos. Los actores sociales relevantes se conforman no sólo de acuerdo a ciertas formas de organización social o institucional, sino también por el hecho de que los miembros de los grupos compartan o no un mismo conjunto de significados atribuidos a una determinada TIC. Así pues, la dinámica de anexión o segregación respecto de determinados valores se corresponde con la propia dinámica de las génesis de grupos sociales relevantes –y de ello toma fuerza la afirmación de Michel Callon de que la definición de un artefacto es simultáneamente la definición de su contexto social. (Cfr. Michel Callon, “Technoeconomic networks and irreversibility”, in J. Law (ed.), A sociology of monsters, Routledge, London, 1991.)
Las brechas digitales como ambiente artificial
Luciano Floridi (en “Information ethics: an environmental approach to the digital divide”, Philosophy in the contemporary World, 9:1, Oxford University Press, 2001) propone un marco analítico que da cuenta de una forma ética de la sociedad de información. Para este autor, la infosfera comprende el mundo intangible de los datos, la información, el conocimiento y la comunicación, que sin embargo poseen la cualidad de impactar realmente en los elementos materiales del mundo. Los principios fundamentales de una ética de la infosera son el respeto a la información, su conservación y valorización. Uno de los más prominentes elementos de la infosfera es el ciberespacio, o la supercarretera informática, que según Floridi, “es el espacio atópico (fuera de lugar físico) de la vida mental”. De acuerdo con Floridi, la esencia de la sociedad de información radica en la posibilidad de crear un ambiente alternativo no natural que refiere y enlaza directamente al mundo físico, y por tanto lo construye en buena medida.
El tema de brecha digital es un concepto que acentúa los procesos asimétricos implicados en el desarrollo y expansión de las TIC a nivel global, y se relaciona más ampliamente con el devenir de la ciencia y la tecnología en general: de acuerdo con esta relación, existe una división internacional de la producción, que concentra recursos y actividades intensivas en conocimiento, y que se localizan en determinados ‘centros’. (Cfr. Alejandra S. Kern, “¿Qué significa la ‘brecha’ digital? Un análisis de los conceptos predominantes en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación”, dcto. Web, visitado en noviembre de 2004.) La brecha digital da cuenta de la diferencia entre aquellos países y sectores sociales dentro de una sociedad que se benefician con la difusión y utilización de las tecnologías de información y comunicación y aquellos que no. Floridi destaca dos ámbitos que enmarcan a las brechas digitales, uno vertical y uno horizontal. El vertical se relaciona con el cambio tecnológico a través del tiempo y con las responsabilidades que ello acarrea para las generaciones futuras. Mientras que el horizontal se refiere al contexto de la humanidad presente, y en relación con procesos de inclusión y exclusión entre grupos sociales de diversas identidades, ya sean políticas, nacionales, étnicas o geográficas.
Ambas vertientes de la brecha digital involucran, en particular, las diferencias de orden económico y político entre países industrializados (o líderes tecnológicos en donde proliferan con gran intensidad las sociedades de información) y países en proceso de desarrollo, como los de América Latina (que constantemente importan tecnologías provenientes de los países industrializados y cuyos procesos de innovación tecnológica se encuentran rezagados con respecto a los ‘centros’ de innovación).
La brecha digital rompe con las restricciones de tiempo y espacio mundiales, dice Floridi, pero instituye una nueva barrera entre los agentes letrados y no letrados en tecnologías de información y comunicación. Al hacerlo, crea procesos de dependencia y marginación. De tal forma, que las tecnologías de información y comunicación son un importante elemento de empoderamiento.
De acuerdo con Floridi, una forma de problematizar los aspectos éticos de la infosfera es interpretándola como ambiente ecológico, de tal manera que incluya entre sus elementos a los siguientes:
* La educación como forma de entrenamiento;
* La preservación, discriminación, control de calidad, fiabilidad, libre fluir y seguridad de la información;
* El agrandamiento del acceso a la información;
* El soporte técnico para la creación de nuevos espacios digitales;
* La participación y el intercambio de contenidos públicos;
* El respeto a la diversidad, pluralidad, propiedad y privacidad;
* La integración de viejas y nuevas formas de tecnologías de información;
* El vandalismo digital.
De acuerdo con Floridi, el objetivo de una ética de la sociedad de información consiste en integrar estos elementos ‘ecológicos’ con el fin de cerrar las brechas digitales. La meta es evitar una entropía de la información, entendida como el cierre injustificado de la infosfera a través de procesos que restrinjan las libertades civiles, los derechos humanos y la calidad de vida de los sectores sociales. Cerrar la brecha digital implica, según Floridi, el desarrollo de un tipo de administración del ‘ecosistema informacional’ que pueda llevar a cabo el cumplimiento de las normas básicas de una ética de la información, a saber: prevenir, evitar y apartar la entropía de la información, y al mismo tiempo, promover, extender, mejorar, y abrir la infosfera, asegurando la cantidad, calidad, variedad, seguridad, propiedad, privacidad, pluralismo y acceso a la información.